Vamos a Carate

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Ericka Becerra Morales 

 Ericka es Administradora de Osa Corcovado Tour and Travel

 editorial@soldeosa.com


SOCIEDAD Y CULTURA


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Hacienda Rio Oro

Para esta edición nos toca un enfoque en Carate, y para eso viajamos en grupo para conocer más de ese sector de la península.  Les comento que en este mundo hay que ir a donde el trabajo lo lleve y hacer lo que se requiera, y algunas tareas son menos tediosas que otros.  Yo tengo años de promover turismo en esta península—y teníamos esta gira todo organizado de antemano—pero resulta que uno nunca sabe hasta verlo con ojos nuevos.  A pesar de mis dudas, cuando aparecieron los compañeros, Pablo, Jeison, y Erick en un carro facilitado por los colegas en Solid Car Rental, esas dudas se desvanecieron como si nada.  El camino estaba en buen estado gracias a trabajos recientes de la Municipalidad, y el viaje al otro lado de península era suave y agradable a pesar del frio del aire acondicionado.

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Tour a Caballo Hacienda Rio Oro

En Hacienda Rio Oro nos esperaban con un gran desayuno a disfrutar, frutas, huevos picados, tortillas caseras, café chorreado y un pinto simple pero delicioso, todo cocinado con leña por Iveth.  Para los que no conocen, Hacienda Rio Oro tiene fama local por los búfalos que ahí crían a la par de ganado vacuno para los productos lácteos que producen.  Claro yo había visto el queso de venta en el BM, una curiosidad por cierto ya que uno se acostumbra a Dos Pinos y Monteverde sin darse cuenta de que tenemos productores aquí en la península.  Yo probé el queso, blanquísimo y muy rico, pero nos pusieron tacitas de yogurt y ahí si no me atreví a probar.  Los compañeros se burlaban de mí, asegurándome que era de lo más rico, bañando rebanadas de pina y echándole al pinto, pero a mí no me convencieron probar.

Apenas terminamos cuando se arrimó Miguel con cuatro bestias y una carreta con búfalo para los remos y salvavidas del kayak que nos esperaba y para complementar la gira.  Miguel nos ayudó montar y salimos, andando por la grandísima finca rumbo a la laguna.  Observamos  un monton de aves diferentes  y pasamos por potreros con ganado  y antes de llegar a la costa tenían la manada de búfalo, y estos animales se  nos quedaron viendo todo el tiempo, preocupados al parecer por el compañero amarrado a la carreta.   Se nos acercaron todo curiosos y me dio miedillo, y nos siguieron vigilando, pero no nos atacaron y salimos ilesos del encuentro.  Lastimosamente la marea estaba baja y la laguna no contaba con el agua suficiente para continuar en kayak y andamos por los alrededores de la laguna para apreciar la costa salvaje y un sinfín de aves de agua, cazando bichos con sus largos picos y observándonos mientras pasábamos.

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Hacienda Rio Oro

Por adelantarse el día no pudimos aprovechar del tour granjero que también ofrecen y para serle sincera, yo temía que me iban a poner a ordeñar una búfala o algo así.  Para los interesados en el proceso de hacer queso y yogurt y todo lo que hacen ahí, estos tours lo realizan a diario.

Estábamos apuntados para almorzar en Bijagual, donde se iba celebrar un baile el sábado, pero después del desayuno grande, el apetito faltaba y nos fuimos directos a Carate.  Pasamos por el nuevo rotulo de Ave Azul de Osa, pintado por Tony Reiman , pero sabíamos que Patrick Dunn andaba en el pueblo y dejamos la visita al criadero de aves exóticos para otra visita.  Igual, Laguna Vista Villas no había abierto todavía para la temporada pero el portón estaba abierto y nos dimos una vuelta para apreciar la piscina del sitio, algo espectacular.  Pasamos rápidamente al Lookout Inn para confirmar nuestros arreglos para el día siguiente y así saludar a los dueños Kathia Bellanero y Terry Conroy, y al fin dejamos el carro en el parqueo de la playa para caminar.  Son tres kilómetros los que separan La Leona Lodge de Carate, y hay un sendero todo bajo sombra y muy accesible que caminamos hasta medio camino entre un bananal donde abundaban los pizotes, optando por la playa para el final de la caminata bajo un sol alegre y una brisa constante, el olor de mar refrescante.

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Laguna Vista Villas

Si no lo conoce, no sabe el paraíso que le espera en La Leona Lodge, tiendas enormes y fuertes encima de plataformas todos con su baño privado, todo fino y bonito.  El pasto es para andar descalzo y las frondas de las palmeras bailaban mientras las lapas gritaban, todo en una sombra riquísima.  En la recepción y bar nos esperaba Agustín Brenescon un fresco de bienvenida de maracuyá, y apareció el gerente Felipe Morales para darnos la bienvenida y orientarnos sobre las maravillas de la zona.  Sin embargo, la hamaca fue para mí un imán irresistible, y cuando desperté los compañeros ya se habían pasado de fresco a cervezas, y me acomodé en la habitación que me tocaba para salir después y disfrutar del ocaso, el sol anaranjado a pesar de que el invierno todavía no ha terminado.

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La Leona Lodge

Nos tocó la cuchara de Joxsan  Arce y la cena comenzó con una ensalada de palmito.  Erick se puso loco por el aderezo de aceite de sésamo y vinagre balsámico con quien sabe que otras especies raras, y la verdad estaba muy rico.  El plato fuerte era cerdo a la barbacoa con acompañamientos de puré y vegetales salteados, todo una delicia y para el postre una confección que a Jeison le apareció como un tiramisú, pero claro con el toque tropical del veterano chef.

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La Leona Lodge

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Tour a Corcovado

La gira de un día del sector La Leona del Parque Nacional Corcovado es uno de los tours más cotejados de la zona.  Yo lo había vendido muchísimas veces sin haberlo conocido, y claro fue una oportunidad muy importante para mí.  Salimos en la mañana tras un desayuno amplio y sabroso acompañado por el amable y conocedor guía Milton quien nos enseñó cosas del ecosistema que nunca me hubiera imaginado.  Claro, vimos pizotes, monos, pavas, gavilanes, lapas, tucanes, pelícanos, y hasta apareció una serpiente pero no me atreví acerarme para observarla.  Llegamos hasta el Río Madrigal antes de devolvernos.  Pablo prefirió caminar por los senderos de montaña del albergue ya que los desconocía, y nos encontramos todos a mediodía donde nos esperaba un antojoso casado.  Resulta que una pareja había ido a cabalgar por la mañana con el mismo guía Miguel de ayer, y nos tocó a Erick y a mi devolvernos a caballo por la playa mientras que Jeison y Pablo se devolvieron a pie.

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Tour a Corcovado

Después de apenas cinco minutos de viaje por carro estacionamos de nuevo para subir al Lookout Inn donde el cortés y amable anfitrión Todd nos estaba esperando para llevarnos a nuestras cabinas construidos en un precipicio que daba susto pero con una espectacular vista desde la baranda al Pacífico.  Pablo y Jeison se reunieron con gente de las organizaciones no gubernamentales Frontier, Catappa, y Planet Conservation mientras Erick recorrió los diferentes niveles del inmueble sacando fotos de todos los animalitos que se acercaban a los pasamanos.  Yo salí para darme un paseíto y disfrutar de la playa y el bello atardecer.  Casi de noche el hotel nos brindó un tour de ranitas muy lindo por cierto en sus propias instalaciones logramos ver varias clases de ranitas en los arboles donde duermen y varios pájaros incluyendo el pecho amarillo.

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Lookout Inn Lodge

Nos servimos sopa y ensalada de la barra y el plato fuerte era un increíble arroz con camarones  pinky y cerdo desmechado, acompañado por coliflor salteado y frijoles.  Resultó que para la gira de la noche, que sería acompañar la patrulla de protección de tortugas, solo quedaban dos campos, y nos tocó a Erick y a mí esa odisea.  Era oscuro con los focos rojos que usan para no espantar los majestuosos réptiles, y no fue muy fácil andar por la arena mojada en la oscuridad, pero al fin nos dimos con una enorme tortuga verdeque se había arrastrado hasta la arena seca donde estaba escarbando cuando la topamos.  Observamos el desove y habiendo logrado la meta nos separamos de la patrulla para devolvernos a dormir mientras los patrulleros continuaron su caminata.

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Lookout Inn Lodge

Mi cabeza apenas tocó la almohada y me dormí profundamente hasta que la negritud empezó aclararse con la llegada del alba entre el rugido de las olas y canto de pájaros.  Después de otro enorme desayuno nos despedimos de nuestros bondadosos anfitriones y en el árbol a la par del carro estaban los monos congo, el último de los cuatro especies que nos faltaba apreciar.

Apenas 40 kilómetros de Puerto Jiménez, Carate sigue siendo un sitio remoto y repleto de naturaleza.  Pero es la gente que habita ahí y que trabaja en los albergues ecoturísticos que me permitió disfrutar todo de una forma profunda, algo que no voy a olvidar pronto.  Ahora solo me faltaba poner palabras a papel para compartir estas impresiones  e imaginar que sitio nuevo nos tocará  explorar para la próxima edición!

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