Titulación: la Llave del Desarrollo en la Península Osa

 

Titulación: la Llave del Desarrollo en la Península Osa
Lic. Franklin Paniagua Alfaro

 

Lic. Franklin Paniagua Alfaro, colaborador de Sol de Osa

La visita de la Primera Dama a la Península en mayo generó una expectativa sobre la atención que el gobierno le pueda dar al desarrollo de la Península. Doña Mercedes pudo conocer proyectos innovadores, sobre todo de turismo rural, y escuchar acerca de los problemas que afectan a las comunidades, directamente de quienes los tienen.

El tema de la titulación, estamos seguros, estuvo entre los temas anotados. Se trata de una gran deuda que a lo largo de casi 50 años los gobiernos han mantenido con las familia de la Península, en particular aquellas afectadas por la Reserva Forestal Golfo Dulce, en este periódico se explicó la compleja historia de las tierras de la Reserva Forestal (SDO Edición 4 de enero-febrero 2016) a lo que se debe agregar otras áreas problemáticas como: la finca El Bambú, la Zona Marítimo-Terrestre, el manglar de Puerto Jiménez y la Reserva Indígena de Alto Laguna. Tampoco podemos olvidar el sin número de fincas sin inscribir que están fuera de los sitios mencionados.

Hasta ahora, el problema de la titulación se ha visto como un asunto de justicia. Lejos de contar con una solución política desde el Estado, han sido los propios afectados que se han organizado para demandar sus derechos ante los tribunales. El costo de la lucha judicial ha sido muy alto, las organizaciones se han desgastado, sin alcanzar una solución general, dejando al final que cada familia lo vaya resolviendo como pueda. Algunos han logrado conseguir su título, pero la gran mayoría se encuentra en un espectro que va desde el abandono de su tierra hasta la venta informal a precios ignominiosos. Quienes aún se mantiene ocupando la tierra lo hacen viviendo de trabajos hechos por fuera de la finca. Es imposible vivir solamente de una tierra que no termina de ser propia, sin acceso a crédito, extensión agrícola, asistencia social o infraestructura adecuada.

No debemos dejar a las familias perdidas en el laberinto legal de las informaciones posesorias, ni creer que la lucha por la titulación compete solo a las organizaciones campesinas. Debemos darnos cuenta que si a nivel regional vamos a apostar el desarrollo al ecoturismo rural, esto también va a depender del ordenamiento y la titulación. Los proyectos de turismo rural que visitó la primera dama requieren de crédito y para esto la titulación es imprescindible. También requieren de seguros de operación y de certificaciones que validen sus características. Tanto los seguros como las certificaciones precisan del cumplimiento de las normas ambientales de planificación (planes reguladores, viabilidad ambiental). En síntesis todos estos instrumentos económicos que ayudan a posicionar los emprendimientos dentro de la economía moderna parten de la seguridad jurídica y la publicidad registral que brinda la titulación.

Imagen ilustrativa

Imagen ilustrativa

En ausencia de la titulación y el ordenamiento los procesos económicos no se detienen. El ecoturismo crece en la Península, pero de forma desigual. La tenencia informal excluye a muchas familias, cuya participación se va reduciendo a los empleos menores que ofrecen aquellos proyectos que si cuentan con una base legal plena.

De la misma forma la falta de un ordenamiento costero y urbano limita las inversiones que se pueden realizar en las zonas de mayor plusvalía. Mientras que una concesión sobre la zona marítimo-terrestre permite acceder a crédito y usufructuar la infraestructura en el largo plazo (25 años o más), un permiso de uso (en precario) no permite más que una ocupación sin tan siquiera poder reparar lo que existe.

La disyuntiva en la agricultura o en el manejo forestal es similar, aquellos que no tienen su tenencia legalizada, realizan sus actividades en condiciones inferiores a aquellos que si tienen todos sus papeles en regla. Las oportunidades financieras, técnicas y de arreglos contractuales se limitan. El Pago por Servicios Ambientales también tiene un acceso más engorroso si no se cuenta con la propiedad plena. Finalmente, la oportunidad que viene con nuevos residentes y su impulso al mercado de tierras, no se detiene, por la condición indeterminada de muchas de las tierras, pero esta condición afecta sus precios y limita que las familias locales participen de dicho mercado.

La titulación y el ordenamiento tienen un efecto multiplicador en la economía local. Con el título (o la concesión producto de un plan regulador) se tiene acceso a crédito, esto significa dinero que activa el comercio local (insumos agrícolas, construcción), que a su vez multiplica el empleo. Se trata de una activación económica controlada localmente lo cual aumenta la distribución de la riqueza. Fuera del aspecto meramente económico, un desarrollo endógeno produce una serie de efectos sociales e individuales críticos en términos de autoestima y empoderamiento cultural regional. Esos efectos sociales y psicológicos son a su vez claves para mantener una cultura de emprendimiento e independencia.

Completar y aprobar los planes reguladores cantonales y costeros debería ser el primer punto de agenda de los nuevos concejos y alcaldías municipalidades de Osa y Golfito. Completar estas normativas les daría la autoridad moral para sumarse a las fuerzas vivas luchando por la titulación en la Reserva Forestal Golfo Dulce y por la solución a la ocupación en áreas de humedal. Debemos juntar a quienes luchan por la justicia social y ambiental con quienes luchan por el desarrollo en la Península, los intereses de ambos convergen alrededor de la titulación y el ordenamiento. Esto debe llevar a la revisión de posiciones conservacionistas rígidas que como la del artículo 18 de la Ley Forestal le permiten al Estado otorgarle a campesinos tierras forestales. Hoy en día el país tiene más bosque en manos no estatales que en manos públicas. La economía se ha desarrollado de forma tal que una propiedad con bosque puede ser más rentable que una de potrero. Porque no permitir que las familias vivan del bosque que ellas mismas cuidan y que cuidándolo contribuyan al desarrollo económico local. Esto sería posible si el INDER y el MINAE pudieran otorgar títulos de propiedad forestal a las familias campesinas que se los merecen.

 

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