Puerto Jiménez en la Península de Osa


Sociedad y Cultura, Mauricio Gutiérrez


 

 Puerto Jiménez en la Península de Osa.  Contribución a una reseña  socio cultural del pueblo más antiguo de la zona sur, Costa Rica.

Hannia Franceschi Barraza

 

Hannia Franceschi Barraza. Profesora universitaria jubilada, oriunda de Puerto Jiménez.

Este trabajo -solicitado por  la Comisión Cultural de la Asociación de Desarrollo Integral de Puerto Jiménez- pretende reseñar  la fundación y  desarrollo de un pueblo multicultural, el  más antiguo del Pacifico sur de Costa Rica.  Es un pueblo ahora integrado por  otros más  pequeños,  que se ha ido poblando con inmigrantes de distintas procedencias  a lo largo de más de un centenar de años. Ese encuentro lo  ha nutrido de diversas culturas, que en diálogo y  a veces  en conflicto, han ido configurando lo que es hoy uno de los territorios de más originalidad por la confluencia de  variados  ecosistemas. Las serranías  pobladas de  bosques   verdes de  distintas tonalidades, el mar, playas, los ríos  y  quebradas  cristalinas siguen vertientes que desembocan en el  Golfo Dulce, dando  una belleza escénica única en  Costa Rica y en Centro América. La lejanía de centros urbanos  poblados  es una característica que le permite aún, en el tercer milenio,  mantener muchos de esos rasgos particulares. En esta tierra moran actualmente variados tipos de  pobladores: descendientes de  los primeros colonizadores de origen chiricano (Panamá) principalmente y   otros que fueron llegando en las  siguientes décadas,  procedentes  de otros lugares del Pacifico  y del Valle Central, de otros pueblos centroamericanos,  de China y  del mundo.

Haremos la reseña dividiéndola en periodos de tiempo y en aspectos  de interés socio cultural.

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Periodo precolombino

Se cuenta  que  la Península de Osa estuvo habitada por pueblos indígenas, relacionados con  los pueblos originarios de Chiriquí y del Atlántico costarricense, como los Cévacos, los Cotas, los Bruncas o Borucas, los Azaguatas , los Dorados y otros. (Aguilera, Luis, 2002:5).

El nombre de la península  pareciera derivar de un cacique que vivía cerca de Punta Burica, que se llamaba Osa. (Aguilera, Luis, 2002:5).  En esos tiempos  no existían las fronteras actuales  y más bien había   estrecha relación con todos los territorios cercanos del Pacifico Sur, por medios  marítimos (botes de vela)  y por tierra.

Se han encontrado huellas tangibles, como  vasijas  de cerámicas   utilizadas probablemente  como  utensilios domésticos  y  artefactos de piedra   (hacha, rompenueces y metates) empleados en la agricultura o para preparar alimentos. Especial  mención merece las figuras de  dantas y  silbatos redondos en forma de bola. (Haberland, 1960). Estudios arqueológicos  y de geógrafos  destacan   cuatro  importantes  sitios de hallazgo de  huellas de presencia  indígena:  Pejeperro,  Carbonera (ambos cerca del Cabo Matapalo en el extremo sureste de la  península) , Cantarero  y Los Huacales (cerca del rio Tigre y del caserío llamado Gallardo). (Haberland, 1960;  Corrales  y Badilla , 1989).

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Esta información era de conocimiento común  en el Puerto Jiménez de los años  cincuenta y sesenta,  cuando muchas personas conocían a hombres que practicaban la  huaqueria , o sea, excavaciones en  sitios de entierros indígenas   en los  lugares mencionados. (Testimonio de la autora).

Los sitios arqueológicos  analizados permiten estimar su origen entre los 800 -1500 después de Cristo, época de la Fase Chiriquí.  Se estima que nuestros aborígenes  ocuparon  las costas, ríos   y algunos montañas,   tanto para la agricultura,  pesca, caza, así como  para extraer materias primas necesarias en sus  asentamientos habitacionales.   (Corrales y Badilla, 1989:23-25).   Esos pueblos  originarios vinieron del sur de América  y hablaban la lengua boruca o lenguas relacionadas.

Por lo antes expuesto se  reconoce  que  el territorio peninsular estuvo poblado hasta  1500, según los vestigios encontrados.  Sin embargo, es un misterio por qué los colonizadores  chiricanos y europeos no encontraron  asentamientos  indígenas cuando llegaron  a esas tierras. Una hipótesis la da García (1988)[1]   al mencionar que la población indígena huyó del lugar en la época de la conquista emprendida por  los colonizadores españoles.

La colonización  chiricana  y  la  colonización  europea

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Los  primeros  pobladores procedentes de Chiriquí, Panamá,  llegaron a la Península de Osa por medios marítimos cerca del año  1848.  Inició en esos años un proceso de colonización cuya presencia se mantiene hasta la actualidad.  Según fuentes documentales, un chiricano  llamado Antonio Morales fue a Puntarenas a solicitar un permiso para ocupar un terreno y establecer  una hacienda de ganado en la Península de Osa, con lo cual de hecho reconocía la adscripción del terreno a Costa Rica. (Barrantes, Claudio.2014:81).  En ese tiempo  ya residía en Puntarenitas  Juan Mercedes Fernández, costarricense, a quien  el gobierno de Costa Rica   le dio el encargo de juez, o sea, como autoridad costarricense. Para 1852  el señor Fernández reportó  18 casas y 85 habitantes, describiendo que los habitantes eran chiricanos en su mayoría, dedicados a la agricultura y a la ganadería. (Barrantes, Claudio.2014:82), quienes combinaban esas labores con el comercio hacia los puertos de cabotaje en Chiriquí.

El descubrimiento para los europeos  del Golfo Dulce y Península de Osa  se atribuye a los españoles  Hernán Ponce de León  y a  Juan de Castañeda en 1519.  (Valdez, Claro, 1989 y Núñez, Francisco María, 1914). No obstante, el gobierno de Costa Rica estaba interesado en poblar aún más esos territorios, por lo que  encargó en  1850 a Gabriel Lafond Lurcy (marinero,  comerciante y  escritor francés)  el   establecimiento de un proyecto  de colonización  con inmigrantes franceses, que desarrollaran económicamente  la Península de Osa, todo en el marco de un gran proyecto  que estableciera vías de comunicación entre el Atlántico de Panamá y el Pacifico Sur de Costa Rica. Ese proyecto duró muchos años, pero no se concretó.  Hasta se anunció el arribo de trescientas familias francesas por parte del gobernador de Puntarenas  José Aguilar. Sin embargo, algunos franceses , entre ellos  Leon Colombel y S.Lalier, lograron establecerse  en Puntarenitas, a quienes se reconoce la realización del l primer levantamiento hidrográfico (mapa de ríos) de la Península. No obstante, su presencia en  la zona  provocó conflictos con la colonia  chiricana (por la disputa de terrenos) , a tal grado que se presentó la queja en Puntarenas y   se cuenta que José María Cañas, héroe de la campaña nacional de 1856 ,  en el cargo de gobernador y capitán de puerto en ese momento,   apoyó  la  denuncia  de Antonio Morales como chiricano residente. De esa manera legitimó  la presencia  poblacional de los chiricanos, quienes reconocían al gobierno costarricense.  (Barrantes, Claudio.2014:103-104).

La fundación del cantón de Osa y de   Puerto Jiménez

La primera escuela de educación primaria se creó en 1914, coincidiendo con el traslado del pueblo al sitio actual.

La primera escuela de educación primaria se creó en 1914, coincidiendo con el traslado del pueblo al sitio actual.

Mediante  un decreto del Congreso de la Republica, gestionado por el diputado Amador, presidente municipal de Puntarenas, se creó el cantón De Osa, tercero de la provincia de Puntarenas el 1 de enero de 1913. Comprendió los distritos de Buenos Aires, Térraba, Boruca, El Pozo (hoy Puerto Cortés) y Santo Domingo de Golfo Dulce. Aún  en ese entonces  se hablaba de Santo Domingo de Golfo Dulce o de Puerto Jiménez, nombre que prevaleció después.

Puerto Jiménez ha tenido tres asentamientos en la Península.  El primero fue Santo Domingo de  Golfo Dulce, localizado en Puntarenitas, pero como consecuencia de un fuerte sismo  en 1853 una  parte del pueblo se  hundió y se trasladó  al barrio situado al oeste de la desembocadura del rio Platanares. Este pueblo se continuó llamando Santo Domingo  (después se llamó  Pueblo Viejo) y  también sufrió efectos de la erosión al hundirse los terrenos de la plaza de futbol y de la iglesia; fue  así como el entonces presidente de la República Ricardo Jiménez Oreamuno  atendió la petición de la población de comprar terrenos privados  para el traslado a su ubicación actual; de esa manera, en homenaje a esta acción el pueblo pasó a llamarse Puerto Jiménez y se perdió el nombre original. En este nuevo asentamiento al costarricense Senón Castro se le encargó  trazar los cuadrantes, de tal tamaño que a  cada familia se le asignó un cuarto de hectárea para instalar sus casas,  gallineros y  “siembros”, como se acostumbraba en los hogares campesinos de esa época. (Aguilera, Luis y otros. 2002:6-11). Las fincas (de quienes las poseían)  quedaban en terrenos fuera del pueblo, algunas cercanas y otras  tan  lejos, como las de los caseríos  hoy llamados Matapalo, Piro,   Agua Buena y Carate.

Santo Domingo de Golfo Dulce (Cronicas del Golfo Dulce - Libro Claudio Barrantes)

Santo Domingo de Golfo Dulce (Cronicas del Golfo Dulce – Libro Claudio Barrantes)

Costumbres heredadas de los panameños chiricanos

Las fiestas del santo patrono Santiago Apóstol se realizaban  el 25 de julio; el día de San Juan, patrono de Chiriquí, se celebraba el 24 de junio. “Esta fiesta  fue uno de los legados más duraderos de los migrantes panameños y se mantuvo  casi intacta hasta la  apertura de la carretera”. (Aguilera , Luis. 2002:12).

La fiesta de San Juan era la de mayor celebración en el año. Grupos de vecinos organizaban   carreras de  caballos con los mejores caballistas del pueblo, quienes  despertaban a la comunidad   durante la madrugada. Se organizaban también  carreras de cintas, turnos y bailes populares. Se repartían bebidas  como chicha de maíz nacido, chicha de coyol,  que se bebía  en guacales pequeños. Se bailaba el tamborito, que es parecido a la cumbia colombiana, amenizada por músicos quienes  tocaban  con tambores hechos de cuero de vaca o de venado, instrumento que era acompañado  de una mandolina y de coros;  se llevaba el ritmo con las manos  y se bailaba como brincadito. ((Aguilera, Luis. 2002:14).

Tiempo después se incorporaron a las fiestas populares las marimbas, amenizadas por lugareños. Ya en los años sesenta trajeron  rockolas a   los salones de baile del pueblo, adonde  además de las cumbias  de origen colombiano y panameño se bailaban los boleros de Julio Jaramillo y de  la Sonora Santanera, en fiestas que iniciaban en la noche y terminaban en la madrugada; en esos  bailes  participaban  personas adultas y niños-as acompañados de sus familiares cercanos. (Testimonio de la autora).

En lo referente a comidas, en los desayunos se elaboraban tortillas con queso rallado, para asarlas al comal o se freían; también en esa primera comida del día se freía plátano verde o maduro en aceite de coco, lo cual se acompañaba  de queso o natilla. Para el café de las tardes,  algunas señoras preparaban pan casero o tamal  asado.  Recetas hogareñas comunes eran el tamal de elote,  el yole dulce, los panecitos (especie de rosquilla dulce, elaborada con harina de maíz y manteca de cerdo), la carne de res y de cerdo salada y asoleada al sol, así como el bienmesabe (cajeta de leche  con arroz molido y especias). Para elaborar las comidas se utilizaba  la manteca de cerdo o el aceite de coco, preparado por los lugareños, el  cual daba especial  sabor a las comidas diarias. (Testimonio de la autora).

CONTINUA EN: VER SEGUNDA PARTE

Referencias bibliográficas  consultadas.

Aguilera, Luis y otros. 2002. Historia de Puerto Jiménez, contada por sus pobladores. Universidad de Costa Rica, Trabajo comunal Universitario.

Corrales , Francisco; Badilla , Adrián (1989). Evaluación de  tres sitios arqueológicos de la Península de Osa. San José: Museo Nacional  de Costa Rica, Proyecto Arqueológico Osa-Golfito.

Franceschi, Hannia.(2007).Proyecto de investigación Juventud y participación en el desarrollo rural de la Península de Osa. San José: Universidad de Costa Rica, Sede de Occidente.

García, Manuel. (1988). “Apuntes geohistóricos de la colonización agrícola en la Península de Osa”. En   Geoistmo. San José: Revista de la Asociación de Profesionales  en Geografía de Costa Rica, Vol. II, No. 1.

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