Puerto Jiménez en la Península de Osa

 maiz nacido Comidas festivas de orígen Chiricano para la Semana Santa de Puerto Jiménez

Hannia Franceschi Barraza

 

Hannia Franceschi Barraza. Profesora universitaria jubilada, oriunda de Puerto Jiménez

SOCIEDAD Y CULTURA


¿Ha comido bienmesabe, panecitos o ha bebido el refresco chicha de maíz nacido?

No los encontramos en el supermercado  ni en  las panaderías del pueblo.  Esos bocadillos dulces los preparan las manos de mujeres jimeneñas,  quienes mantienen presentes esa costumbre procedente de la provincia de Chiriquí, Panamá, al igual que se hacía más de un centenar de años las personas  fundadoras de Puerto Jiménez, en las fechas especiales como la Semana Santa.

Tienen un sabor  único, como lo elaborado caseramente en forma artesanal. No tienen marca,  tan solo el  sello de la herencia familiar aprendida  de  generación en generación. Familias como las y los  Ortiz (de Terrones y Agujas),  Ríos, Bristán, Quintero,  Bellanero,  Becerra, Cedeño, Sánchez, Ceballos, Sarracín, Pinzón, Chavarría, Rodríguez, Santamaría, Camaño, Barroso, Franceschi, para solo mencionar algunas,   aprendieron  de sus abuelas y abuelos las formas de elaborar comidas para fiestas especiales.  En el proceso participaba  mucha gente y se planificaba muy bien,  desde la siembra del maíz, el cosecharlo, molerlo, prepararlo  con  utensilios especiales, sin contar las horas de fuego en hornos  de barro y ollas de hierro.

Era toda una ceremonia con “maestras y maestros”  de la cocina popular,  quienes junto con sus  ayudantes se esmeraban por ofrecer lo mejor de su creación, en un ambiente festivo, donde las historias y los chistes del pueblo eran fieles acompañantes.  Más que un rudo trabajo,  se hacía con gusto y cooperación entre familiares y  amistades visitantes.

Hay otros dulces de Semana Santa  de los cuales no hablamos aquí. Son los almibares  de las frutas que abundan en esta temporada: los marañones, la papaya verde, los icacos (frutos de color rosado, con forma parecida a la uva, que crece en las tierras arenosas, como las de la costa de  Península  de Osa).  Mientras en el Valle Central elaboran la miel de chiverre, hoy industrializada; aquí contamos con las frutas de la zona.

CHICHA

Chicha de Maíz Nacido

 Chicha de Maíz Nacido:

Para prepararlo se lava el maíz y se deja en agua (tapado)  durante la noche; a la mañana siguiente se echa en un saco o se envuelve en bijagua; se deja ahí tres o cuatro días y se le rosea agua para que se mantenga húmedo y hasta que se empieza a echar raíces. Entonces se muele con un poco de agua, se cuela para quitarle la payana o cascarilla, se revuelve hasta que esté bien moreno y se le echa dulce

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Panecitos

Panecitos:

Los panecitos tienen forma de aros delgados y hay dulces y salados. Se acostumbra hacer para semana santa, pero su tiempo de elaboración era al parecer mucho más largo que el del  bien me sabe:  se quiebra el maíz y se le quitaba la cascara con un pilón, se echaba en agua tibia, procurando no meterle la mano para que no se pusiera hediondo, se dejaba ahí durante tres días , luego se secaba al sol  y  de ahí se sacaba la harina con máquinas de moler maíz o con pilón; lo pasaban a un pazcón o colador, lo revolvían con agua, manteca de cerdo o res y le echaban dulce (si eran dulces) y lo volvían a moler para después formar los aritos.

Doña Antonia Ortiz Castro

El bien me sabe:

 Es como una especie de dulce y se hace con una lata de leche y entre dos kilos y medio de arroz bien molido, canela (si uno quiere) dulce al gusto y una cucharada de sal.

Para prepararlo se revuelve todo y se pone a fuego lento en un paila u olla grande; sin dejar que se pegue se le da vuelta hasta que  esté tan duro que cueste revolverlo; se seca y en unas hojas de Bijagua puestas sobre una batea, se echa el Bien me sabe y se extiende para dejarlo enfriar

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Bien me sabe

El tiempo ha transcurrido. Actualmente solo algunas de las familias conservan estas tradiciones. También hay cambios, como es el caso de mujeres descendientes de las familias arriba mencionadas, quienes preparan los dulces por encargo, como forma de  obtener ingresos, en un pueblo donde no abundan empleos para todos.  Tenemos el reto, hombres y mujeres, de continuar cocinando  comidas tradicionales de Chiriquí,  Panamá, lo cual podría ser un espacio no solo  para mantener  las costumbres antiguas,  sino para generar ingresos mediante la preparación de  alimentos  originales artesanales, porque no hay fábrica que las produzca. Sería un sello cultural para el pueblo de  Puerto Jiménez, Península de Osa.

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