La Caceria en Osa:Rasgos Culturales en Conflicto con necesidades Actuales

15036165_1313072862070879_8500220797647328295_n

 

Marco Hidalgo

Marco cursó en la Universidad Nacional una Maestría en Conservación y Manejo de Vida Silvestre y tiene la Licenciatura en Biología Tropical con énfasis en Manejo de Recursos Naturales (Universidad Nacional) y un Bachillerato en Biología Tropical (Universidad Nacional). Su capacitación profesional incluye adicionalmente cursos internacionales en convenio con la Universidad de Salamanca (España), Universidad de Wisconsin (EUA), Universidad de Chile, Cooperación Española y el U.S. Fish & Wildlife Service, entre otras.  Su experiencia incluye el manejo de fauna en vida silvestre en cautiverio y el diseño y ejecución de planes de manejo para áreas silvestres protegidas. Ha participado en evaluaciones ecológicas rápidas, en el diseño de componentes biológicos de investigación científica y conservación.  Comuniquese con el al correo:   loros_cr@yahoo.com.mx


MEDIO AMBIENTE 


imgp0035La cacería de animales silvestres es una actividad íntimamente vinculado con la cultura de las personas que la practican.  Para otra clase de cazadores, la cultura y tradición no intermedia, y estos lo hacen por deporte o para vender la carne de los animales que logren matar.  Como tendencia cultural—particularmente en la Península de Osa—se destacan aquellos que practican el monteo y con quienes cazan exclusivamente para consumir la carne.  Para la gran mayoría de estos casos, el monteo es costumbre y tradición.  . Pero para aquellos que cazan para vender, la carne o quienes lo hacen por el placer median otras razones, que nada tienen que ver con arraigo o costumbre.  Sin minimizar la importancia de la herencia cultural, ni la caza artesanal ni la matanza indiscriminada de animales sustentable, y cae dentro del marco social para incentivar la conciencia cultural abandonar ambas prácticas y así lograr la protección de la biodiversidad que disfrutamos en la península y bien la nación como tal.

La cacería se ha visto a lo largo del tiempo como una práctica con dos propósitos muy diferentes: 1) para obtener carne y otros subproductos, realizada por habitantes rurales, y 2) por recreación, practicada fundamentalmente por habitantes de las ciudades, que en Costa Rica son principalmente los del Valle Central.

imgp0016En décadas anteriores es un hecho que la cacería formaba parte de la subsistencia, pero de hoy en día hasta los campesinos mal remotos dependen de otros fuentes de proteína, y la caza artesanal de hoy en día puede considerarse por autoconsumo pero muy raramente como subsistencia.  El consumo de carne de montaña se encuentra en la actualidad en quinto lugar en la canasta básica del tico, con el 27.9% de la población que prefieren prefiriendo carne silvestre, mientras la mayoría de las familias campesinas cría gallinas, pollos y cerdos para tal fin.  Resulta que el consumo de carne de montaña no es por necesidad sino por preferencia al sabor de la carne que por motivos económicos. Los pobladores de la Península de Osa que continúan alimentándose de esta forma consumen principalmente tres especies de mamíferos silvestres, tepezcuintle (Agouti paca), chancho de monte o chancho cariblanco (Tayassu pecari) y saíno (Pecari Tajacu).

Se estima que el 56% de las familias en la Península de Osa poseen al menos un miembro de la familia que practica la cacería. Del total de cazadores, el 53.5% va de caza de una a dos veces por mes, el 25.8% de 3 a 5 veces y un 20.7% más de 5 veces en un mes. La época del año preferida por el 62% de los cazadores es la estación lluviosa (abril-noviembre) y entre ellos el área preferido por el 64% de ellos para cazar consiste de los límites y alrededores del Parque Nacional Corcovado.  La cacería se agudiza sobretodo en la estación seca (diciembre a marzo) y en las zonas de bajura del parque cuando los animales se concentran alrededor de cuerpos de agua. Se produce sobre todo de noche y durante los fines de semana.

Investigaciones indican que la cacería comercial no es realizada por gente local sino por gente de afuera—Pérez Zeledón, Ciudad Neilly, Golfito y otros—y que estos cazadores cuando llegan a la zona matan sin discriminación “todo lo que se encuentre” y se llevan gran cantidad de presas que son vendidas tanto a bares de los alrededores como a otros más lejanos y también por encargo.

El protagonista principal de la actividad de caza es el perro, que es criado y entrenado para ese propósito, con énfasis en perros identificados como “tepezcuintleros” o “saineros.”  Hay una fuerte valoración y admiración por el “buen perro.”  El objetivo principal es observar y escuchar al perro “rastreando al animal en el monte,” y hay una fascinación especial con respecto a la forma como este ladre en tanto esté tras el rastro de la presa.

04053694c2050d4ba2b31208f6f12722La cacería en Osa es una actividad que se debilita, es para la mayoría de las personas que la practican una tradición o costumbre, o sea es un elemento cultural, no obstante, su “resistencia al tiempo” no es un estado perpetuo; de hecho no lo es para muchos elementos culturales que se resistieron al paso del tiempo pero finalmente están a un mínimo de su existencia. La tradición de la cacería padece ya del embate del tiempo, y se encamina a que cada vez sean menos las personas que la practican.  Solo podemos esperar que ocurra en el mediano y largo plazo, pero es evidente que se ha venido debilitando. Esto está ocurriendo principalmente porque en la ley se tipifica como delito la actividad de la cacería e impone penas a quienes la practiquen. La educación ambiental también ha provocado que la tradición de la cacería disminuya, y esto genera cambios de actitud hacia una mayor conciencia ambiental en la ciudadanía, y es evidente en quienes han participado de actividades educativas.  Contrario en las personas que han dejado de cazar como consecuencia de las acciones de control y vigilancia, es claro que en el momento que baje la intensidad policial volverán a cazar.  La búsqueda de generar actividades económicas alternas como es el caso del turismo, y donde la experiencia de conocer nuestros bosques es valorado, se ha convertido en un nicho laboral muy valioso, permitiéndole a la gente que cace consolidar otras oportunidades económicas.

imgp0031

La cacería como elemento cultural ha resistido el tiempo sin importar las vicisitudes, y ahora es el peor de los escenarios en un contexto de desarrollo que quiere cambiar por el bien de todos, donde la cacería ya no se justifica, ni como patrimonio cultural ni mucho menos para el deporte y comercial en animales.  Durante una entrevista a un cazador de La Palma que prefirió preservar el anonimato manifestó:   “Antes cazábamos muy libres, pero cuando vino lo del parque empezaron a prohibir la cacería y después vino el MINAE y las leyes, por eso hay gente que ya no montea, pero quedamos muchos que lo seguimos haciendo, es que es algo que uno lleva muy adentro.”

 

Publicado en Post

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*