La Caceria en Osa: Para combatirla hay que primero entenderla.

10346541_10205791497480437_4465103815971318652_n

Juan José Jiménez Espinoza

Ingeniero Forestal, con especialidad en Desarrollo Local Administrador de la Reserva Forestal Golfo Dulce del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC)  juan.jimenez@sinac.go.cr


SUCESOS


La fauna silvestre en la zona ha venido disminuyendo.

chm

Esta es la percepción entre Guardaparques, guías naturalistas, organizaciones conservacionistas, y muchos de los mismos habitantes de la Península de Osa.  Esta percepción encuentra confirmación científica en algunos estudios realizados por el Área de Conservación Osa (ACOSA) y por otros investigadores.

La mayoría de estos estudios se basan en la determinación de la “presencia o ausencia” de una especie o grupo de especies dentro de un ámbito determinado, en este caso, casi todos en los mamíferos terrestres en el Parque Nacional Corcovado.  Los resultados muestran una tendencia a la disminución en la presencia de algunas especies reconocidas como indicadoras de la calidad del ecosistema, entre ellas, el jaguar (Panthera onca), los chanchos de monte (Tayassu pecari), mono colorado (Ateles geoffroyi) y el tepezcuinte (Cuniculus paca), por citar sólo los principales.

Ninguno de los estudios profundiza sobre las posibles causas de la observada disminución de especies, pero se percibe a la cacería como la principal responsable de la pérdida de fauna o de la “defaunación” del Parque Nacional Corcovado y en general de los bosques de la Península de Osa.

image_content_23298088_20150429163708Dado que ACOSA comprende que la cacería es una de las principales barreras al desarrollo de los habitantes de la Península de Osa, donde además tiene claro que más que un problema ambiental, es un problema social, en el 2008 contrató al finado sociólogo José Oduber Rivera (Q.d.D.g), para que realizara un estudio que fue  titulado: “Caracterización Social, Ambiental, Económica y Legal de la Cacería de Animales Silvestres en el Sitio Osa, Costa Rica.”

Para realizar el estudio se entrevistaron a 114 personas, de las cuales 48 eran cazadores—o monteadores como ellos prefieren llamarse—muestra que puede considerase robusta y que permitió llegar a algunos hallazgos significantes, que nos permiten entender mejor el fenómeno de la cacería en la Península de Osa.  Algunos de los hallazgos más relevantes fueron:

  1. La cacería en la Península de Osa en la gran mayoría de los casos, no está asociada al consumo de carne silvestre como medida de subsistencia sino que la cacería se considera una distracción, un “hobby”; una costumbre, llegando inclusive a ser calificada por algunos como una tradición.
  1. Existen diferentes tipos de cazadores, están los “monteadores”, ya que no les gusta que se les llame cazadores, pues para ellos la “montea” consiste en ir al “monte” a tener un rato de esparcimiento o recreación, el objetivo no es traer una presa, sino más bien, romper la rutina, salir a “matar el estrés” y “escuchar” trabajando a los perros de cacería. Este grupo es el que concentra a la mayor cantidad de personas.

jaguar-pielOtro grupo son los que cazan para auto consumo, estos son una minoría, y  este tipo de cazador sale al bosque cuando necesita “arrimar algo de carne al plato,” y no tiene otra opción. Este es un grupo muy pequeño y en este caso, en cada salida deben traer lo que van a consumir.

También están los que cazan para vender y es este grupo que más daño causa, ya que como su objetivo es económico, cada vez que va al “monte,” un cazador profesional debe traer la mayor cantidad de carne posible. Frecuentemente trabajan por encargo y esta clase de cazador no regresa de la montaña con las manos vacías.

Una cuarta clase de cazadores consisten de aficionados foráneos a la caza deportiva.  Los integrantes de este grupo son personas que viven fuera de la Península de Osa, pero que están dispuestos a contratar a personas locales para que les sirvan de guías en recorridos tipo “safari” para ir de cacería deportiva. Información no confirmada, obtenida fuera de este estudio, señala que inclusive existe un odontólogo en la zona de Heredia, que ha realizado “safaris” de cacería al Parque Nacional Corcovado para cazar jaguares y dantas, “trofeos” que dicen exhibe orgullosamente en la sala de su casa.

Y por último están los “bicheros,” que son personas con poca experiencia en materia de cacería y le “tiran” a todo lo que se mueva.

  1. El tepezcuinte y el chancho de monte son las especies más perseguidas como presa: Los monteadores y los cazadores profesionales son muy selectivos a la hora de elegir sus presas, y por eso se concentran principalmente en al tepezcuinte (50%), el chancho de monte (20%) el saíno (Tayassu tajacu), 10% la guatusa (Dasyprocta punctata) (5%) el pavón (Crax rubra) y la pava crestada (Penélope purpurascens).
  1. El perro de cacería es el protagonista principal en la “montea:” El estudio señala que hay una fuerte admiración y valoración por un buen perro de cacería, un perro de este tipo puede valer entre ¢200.000 y ¢2.000.000, aspecto que demuestra que si alguien está dispuesto a invertir estas cantidades de dinero en un perro para una actividad recreativa, no necesariamente es una persona necesitada

Un tema en el que estudio no profundizó, pero que es bien conocido, es que el proceso de entrenamiento de estos perros puede llegar a ser muy cruel y duro para el animal.  Se dice que se les mantiene con hambre para que “corran más;” también en los inicios del proceso de entrenamiento, si el perro pierde el rastro de la presa principal y se distrae con otros animales, puede recibir castigos físicos por no atender las instrucciones de su dueño.

  1. La cacería es una tradición que se debilita. Según el estudio, a pesar de que las cifras son alarmantes, se dice que por cada familia de la Península de Osa, al menos uno de sus miembros caza o ha cazado en algún momento de su vida. Al parecerla tendencia es que poco a poco la cantidad de personas que practican la cacería se va disminuyendo.

A los jóvenes de hoy en día, ya no les parece atractivo o “cool” perseguir y matar animales silvestres, mucho  de ellos tienen amplio conocimiento de rastreo y otras técnicas de cacería, técnicas que aprendieron de sus padres y abuelos.  Sin embargo no les llama la atención ir al monte a perseguir animales para matarlos. Muchos de los jóvenes que tienen este conocimiento, más bien lo están utilizando en sus labores como guías naturalistas.

Pareciera que la educación ambiental y el desarrollo de nuevas actividades generadoras de ingreso tienen mucho más efecto que las acciones de control a la hora de generar cambios a largo plazo en materia de reducción de cacería.

Dado que este estudio se realizó en el 2008, en un momento donde aún el turismo asociado al Parque Nacional Corcovado (PNC) no estaba en su máximo apogeo, el estudio no profundizó sobre el impacto de la cacería en la salud de los bosques de la Península de Osa, ni mucho menos en la viabilidad a largo plazo del PNC.  Sin embargo hoy en día nos resulta totalmente claro entender como la cacería estaría afectando los medios de vida y las oportunidades de desarrollo de los habitantes de esta zona.

Para nadie es un secreto la alta dependencia de la economía de la zona al turismo, especialmente al turismo naturalista que visita el PNC; por eso gran parte del turismo que llega a la Península de Osa lo hace atraído por la idea de que en la zona es fácil observar fauna silvestre, en especial mamíferos terrestres.

Se estima que en caso de continuar con la disminución de la fauna, y especialmente de los mamíferos grandes y medianos, se estaríancaceria-icon afectando los procesos de dispersión de semillas en los bosques, se podrían generar desequilibrios en el ecosistema que generen el incremento de especies que son consideradas como plagas para cultivos agrícolas (taltuzas, mapaches y pizotes) e inclusive la disminución de la visitación turística, misma que es atraída a la zona por la aparente abundancia de fauna.

Aunado a ese gris panorama biológico y económico, existen factores institucionales que poco están contribuyendo a favorecer una relación más armoniosa entre las comunidades y la fauna silvestre.

De estas, quizás la mala imagen que tienen los habitantes de la zona hacia la gestión que realiza ACOSA, es la que menos contribuye a la recuperación de la fauna, esto porque al parecer, muchas de las acciones que se realizan contra la fauna son sentidas como una daño o una venganza contra ACOSA.

Por otra parte, debe reconocerse que ACOSA cuenta con capacidades muy limitadas, mismas que no le permiten invertir recursos y desarrollar mayores esfuerzos en mejorar su imagen y en brindar servicios que permitan generar cambios de actitud de los habitantes hacia la vida silvestre.  A pesar de esto, desde el 2012 la Reserva Forestal Golfo Dulce ha venido realizando esfuerzos por desarrollar acciones de educación para la conservación, acciones que tiene como objetivo general:

  • Promover cambios de actitud y de comportamiento, así como desarrollar valores asociados a la conservación de la biodiversidad, a través de la ejecución de actividades de educación ambiental que permitan la reducción de amenazas a la flora y fauna con la que convivimos en la Reserva Forestal Golfo Dulce y la generación de bienestar y desarrollo humano para los habitantes de la Península de Osa y otros grupos de interés.

Este objetivo general se pretende alcanzar mediante los siguientes objectivos específicos:

  • Promover cambios de actitud y de comportamiento de largo plazo, que permitan la convivencia pacífica y mutuamente beneficiosa entre los habitantes de la Península de Osa y la fauna silvestre de su entorno.
  • Propiciar que los habitantes de la Península de Osa conozcan más acerca de la historia natural de las aves y mamíferos silvestres que son presas de caza, de forma que puedan apreciar y valorar su importancia para la salud de los ecosistemas y para el bienestar humano.
  • Desarrollar las habilidades y valores necesarios en los habitantes de la Península de Osa y en otros grupos de interés, prioritariamente en los niños y jóvenes, que les inspiren y estimulen a actuar localmente, para debilitar la tradición negativa de la cacería en sus comunidades.

Para alcanzar los objetivos que nos hemos trazado contamos con la ayuda de importantes aliados como la Asociación Conservacionista de Dos Brazos del Río Tigre (ACODOBRATI), la Asociación de Desarrollo de Rancho Quemado, la Fundación Neotrópica, la Fundación Corcovado, Conservación Osa, Osa Birds, ASCONA, la Fundación CRUSA, Mauricio Gutiérrez, Pilar Bernal, Reinaldo Aguilar, Marconi Rojas, y otros.  Hemos desarrollado varias líneas de acción, con las que pretendemos debilitar la tradición negativa de la cacería en la Península de Osa, incluyendo:

  • La Mascarada de la biodiversidad
  • El programa piloto Guardaparque Junior
  • el proyecto Rastreadores de Fotografías
  • los Comités Comunitarios de Monitoreo Biológico

Además de estas iniciativas que hemos venido impulsando, espero compartir en futuras ediciones de Sol de Osa más detalles sobre estas iniciativas y otras que se puedan dar en busca de ganar más aliados en la lucha por lograr que la Península de Osa en unos años pueda decir orgullosamente al mundo que es un territorio donde se respeta la convivencia con la vida silvestre y donde decimos todos:

“No a la cacería.”

 

Publicado en Post

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*