¿A como el Kilo?

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Jeison Samudio

 

Jeison es Editor  del periódico el Sol de Osa  jeison@soldedosa

SUCESOS


prehistDesde tiempos precolombinos la población de Costa Rica ha dependido de la caza de vida silvestre para el sustento alimenticio.  Pero fue hasta el 1992 con la aprobación de la Ley (# 7317) de la Conservación de la Vida Silvestre que por primera instancia en territorio nacional la caza fue regulada, en ese caso limitándose a la prohibición de la caza de aquellos animales en peligro de extinción.  En el 2012, la Ley 7313 fue revestida, prohibiendo la cacería deportiva en todo el territorio nacional y prohibiéndose a la misma vez la tenencia de vida silvestre como mascotas.  Al aprobarse esta modificación a la ley, Costa Rica se convirtió en el primer país en Latinoamérica en prohibir la caza en su totalidad.

En vista de su larga trayectoria cultural y como fuente de proteína alimenticia, la cacería existe como una actividad que hasta el momento el pueblo lo sigue asociando como algo natural y de patrimonio cultural.  Sin embargo, los expertos nos informan que es una actividad insostenible y que tiene que pararse por absoluto.  Considerando la prevalencia de la caza ilícita en áreas de la Península de Osa y sitios aledaños, nos dimos la tarea de examinar la cacería desde la perspectiva legal, social y cultural, económica, y ambiental para ahondar en el tema y exponer los conflictos que es para nuestro vecindario y región imprescindible solventar.

En Costa Rica el 10 de diciembre de 2012 la Asamble Legislativa le impuso un castigo de una multa de $3000 por animal al cazador encontrado con los restos de su acción furtiva, y dependiendo de la especie del animal, privado de libertad entre dos a cuatro meses en un centro de detención.  El Articulo 28 de la ley estipula:

Con el objetivo de regular el ejercicio de la caza, esta se clasifica en:

 

  1. Deportiva: cuando se realice con fines de diversión, recreación o esparcimiento.
  2. b) Científica: cuando se realice con fines de estudio científico.

 

  1. c) De subsistencia: cuando se realice para llenar necesidades alimentarias de personas de escasos recursos económicos, comprobados mediante las normas que dicte el Reglamento de esta Ley.

Uno de los problemas que quedan por resolver es cómo los  limitados guardaparques que hoy velan por un total de 13.286 kilómetros de territorio nacional protegido—el 26% del área total del país—podrán hacer frente a los cazadores para hacer cumplir la ley en una nación que alberga casi el 5% de la biodiversidad del planeta.

Según el MINAE, el Área de Conservación Osa—ACOSA—vela por tres cantones—Corredores, Osa y Golfito—más siete áreas protegidas, y la cacería se da en todas estas áreas.  Hay lugares con mayor incidencia como Corcovado, la Reserva Forestal Golfo Dulce, el Parque Nacional Piedras Blancas, y la parte alta de la Fila Cal, el sector del paso de la Danta.

white-lipped“Por tradición,” comenta el Oficial Carlos Madriz, el Coordinador del Departamento de Control de ACOSA, “Corcovado ha sido un lugar de cacería porque genera las condiciones necesarias:  los chanchos de monte y saínos se reproducen de manera natural y se encuentran en grandes cantidades y cuando hay abundancia de chanchos hay también jaguares, y esta es la presa de mayor prestigio para caulquier cazador.” Aunque admite que no hay registros documentados de investigaciones de cacería del  jaguar , hay reportes en la fila alta entre San Juan y Mogos y se han tenido denuncias de que se anda cazando el jaguar por esos lados, pero la evidencia hasta el momento no se ha dado.

De acuerdo a algunos cazadores con quienes conversamos el tema—los cuales prefirieron reservar el anonimato—hay un mercado negro que mantiene la practica.  Por lo general, la carne silvestre es por encargo, con el precio negociado de antemano y en cuestión de unos días el cazador entrega lo pactado.  Reportes indican que se cobra por kilo ocho mil colonos por tepezcuinte, mientras el valor del chancho de monte y saíno anda en seis mil colones el kilo.   Estos precios son los que se manejan para zonas cercanas.  Cuando la carne ilegal es transportada a centros urbanos distantes, el precio sube de forma conmensurada.  No solamente es que los cazadores entregan la carne de animalitos que matan para el abasto de este perverso mercado, sino que hasta entregan la carne del tepezcuintle ya ahumada en casos, lista para consumir sin requerir de ningún preparativo ni cocimiento adicional.

Otros animales que son perseguidos por cazadores incluyen la guatusa y el pizote,  a estos los podemos denominar especies alternativas ya que los alimañeros que nos brindaron datos indican que su persecución es para el consumo propio de ellos y casi nunca para la venta de la carne.  La época en que más se practica la cacería profesional, dicen estos, es durante la estación lluviosa cuando hay menos trabajo en la zona

Tanto los oficiales Madriz y Juan José Jimenez, Ingeniero Forestal de ACOSA, y autor de Sol de Osa, como el biólogo Marco Hidalgo, Editor de la Sección de Medio Ambiente de esta publicación, reportan que hay tres tipos de cazadores, dato levantado por un celebrado estudio por el científico José Oduber Rivera sobre la cacería y su relación con el entorno social y cultural.

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Cazador con fines deportivos:  El cazador que caza por aspectos deportivos es el más dañino a nivel nacional, según nos reporta Madriz, y normalmente este tipo de cacería se realiza en grupos que salen los fines de semana a cazar.  El área más apetecida es Guanacaste y dentro del Parque Internacional La Amistad.  “En la Zona Sur, principalmente en Corcovado, hemos recibido información de cacería así, pero hasta el día de hoy no se ha encontrado este tipo de cazador.  Normalmente este cazador viene del Valle Central y de Pérez Zeledón y contratan guías locales o baqueanos para que los lleven a los sitios donde se encuentren las manadas de animales silvestres o en su defecto si tienen información de una presa como es el jaguar o el puma en un lugar determinado.”

Cazador profesional con fines comerciales: Estas personas se dedican a cazar para la venta ilegal de carne silvestre, principalmente en establecimientos comerciales como bares, restaurantes o lugares de venta de licor que se prestan para el comercio ilícito.  Normalmente su modus operandi es trabajar los fines de semana, nos informa Madriz, y muchas veces montan emboscadas en sitios donde los animales llegan a buscar alimento—comederos a como se refiere entre cazadores.  Para estos cazadoresellos la presa preferida es el tepezcuinte, seguido por el chancho de monte y el saíno.

Cazador con fines de subsistencia:  Este tipo de cazador es el más común en la región Osa.  Normalmente es una práctica familiar o cultural de ir a cazar un animal silvestre en la finca  o en lugares de alta montaña donde va una persona o en algunos casos van acompañados por hijos, familiares o amigos.  No es un cazador frecuente pero sí normalmente su costumbre es montear los fines de semana o durante periodos de luna llena.  Su presa preferida es el tepezcuinte.

El ser humano ha practicado la caza desde la prehistoria. Se considera que los primeros grupos humanos utilizaron un sistema de caza el cual fue muy eficiente para garantizar el poblamiento del planeta. A nivel mundial más del 80% de los grupos humanos en la actualidad son herederos de este modo de producción basado en el desarrollo de incipientes tecnologías y técnicas primitivas de recolección, cacería y pesca.

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Se comenzó a cazar para subsistir, y así sigue siendo actualmente en algunas partes del mundo. La caza de subsistencia es aquella actividad que se realiza con la finalidad de obtener proteína animal o subproductos de caza para satisfacer las necesidades propias de los grupos humanos ligados a zonas rurales donde la disponibilidad de especies es alta.  Según oficiales de la ley y por testimonio de pobladores de la zona este tipo de cacería prevalece en la Península de Osa.  A pesar de estar prohibido por ley, oficiales de protección tienden a velar con mayor escrutinio cazadores profesionales y deportivos, ya que la caza por subsistencia se considera por los mismos oficiales—sea cierto o no—menos dañina al entorno.

Aunque Hidalgo comenta en su artículo que la cacería va en disminución, el Oficial Madriz—el encargado oficial de este mismo tema—asevera  lo contrario:  “La cacería ilegal no ha disminuido en los últimos años; hay muchas familias que tienen la cultura de la cacería, y nosotros recibimos entre los tres cantones unas 50 quejas por año, y no se pueden atender todas.  Por eso nos enfocamos en patrullajes coordinados muchas veces hasta con autoridades de Panamá, porque tenemos información de trasiego entre las dos fronteras no solo de cacería sino también de la extracción de flora y fauna silvestre.”

Es muy importante entender el equilibrio que existe en  la naturaleza y que estos animales que se cazan son importantísimos para la cadena

alimenticia, por ejemplo los pumas y jaguares se alimentan de muchos de estos mamíferos, manteniendo sus números en balance. También todos los chanchos, saínos, y dantas son dispersores de semillas en el bosque por lo que son sumamente vitales para la flora de nuestros territorios.

La economía de la Península de Osa depende directamente del ecoturismo, y posee el 2.5% de la biodiversidad mundial, incluyendo los animales que son cazados. En una región donde todos dependemos del recurso natural es hora de hacer conciencia y dejar de lado las excusas culturales de prácticas de antaño.  Entendiendo que la cacería más que por cualquier otro motivo se da por la “herencia cultural,” algo que está al alcance del pueblo en moldear para el mayor beneficio de todos, depende de nosotros de valorar más los animales vivos que los muertos y cambiar tendencias culturales para desincentivar esta practica.  Un buen comienzo sería dejar de comprar carne de monte.  Es hora que nosotros mismos tomemos las riendas de nuestro futuro para decir de una vez y por siempre:

¡No a la cacería!

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